Como en otras facetas de la cultura, en la música también se debate acerca de la paternidad o creación de las tendencias. Se considera prestigioso ser el “pionero” en experimentar un nuevo estilo, temática o estructura formal; los demás son imitadores; sólo el visionario es el genio. Estas dos últimas afirmaciones me parecen descabelladas. Pensar que sólo merecen considerarse clásicos a los innovadores significaría prescindir de gran parte de la cultura occidental (por lo menos a partir de los griegos: los romanos fueron los primeros imitadores). Sería tan absurdo como tachar a Cervantes de imitador por haber parodiado los libros de caballería. Precisamente la parodia es una innovación.
En música un ejemplo lo tenemos en Frank Zappa, o incluso los Ramones: ¿verdad que ambos conjuntos se consideran clásicos, genios, visionarios, innovadores…? El primero se reía de todos los estilos, los mezclaba y llevaba hasta el extremo…; con los Ramones pasa lo mismo. Parece que inventaron el punk, cuando en realidad lo que hicieron es acelerar y macarrear temas clásicos del pop y soul femenino (chicle) y del surf (v. gr. Geena is a punk rocker).
Pues bien, todo este amplio preámbulo viene a propósito del debate sobre la paternidad de la psicodelia. Unos dicen que el Sgt. Peppers de los Beatles fue el primero; otros, el primer disco de Pink Floyd… Pues bien, ambos discos –de 1967- son clásicos de la psicodelia, a pesar de ser muy distintos. Quizá sí fueron los que definieron el género y crearon más escuela, pero no fueron los primeros de este género ni tampoco se carece de precedentes que, si bien no sería lícito denominar psicodélicos, sí supusieron tentativas interesantes que ayudaron a gestar el género.
Para empezar, el término psicodelia no sólo se circunscribe al ámbito musical, sino que abarca a un conjunto de manifestaciones culturales que tienen su origen en unos postulados teóricos pseudo-psicológicos e incluso médicos. La investigación con sustancias psicotrópicas en el campo médico se ganó pronto muchos adeptos, incluso ilustres, como Aldous Huxley, famoso por su distopía Un mundo feliz, pero que se atrevió a experimentar con las drogas alucinógenas y relatar sus experiencias en Las puertas de la percepción, título, por cierto, del que tomaron su nombre los míticos Doors, aunque en primer término hace referencia a un verso del visonario poeta William Blake.
Quien quiera saber más sobre la gestación de la psicodelia que disfrute leyendo Ponche de ácido lisérgico de Tom Wolfe; también es recomendable el visionado de Miedo y asco en Las Vegas del pirado Terry Gilliam (o en su defecto el libro homónimo de Hunter S. Thompson en el que está basado el film).
En definitiva, y volviendo al tema que nos ocupa, creo que uno de los pioneros de la psicodelia (obsérvese que rehuyo asignarles la patente individual) es el conjunto The Byrds, formación californiana liderada por los genios Roger McGuinn y David Crosby. Precisamente los punteados de la guitarra de 12 cuerdas del primero, ya presentes en su disco debut (Mr Tambourine Man, 1965), considero que sí son pioneros en intentar trasladar a la música rock las experimentaciones sonoras capaces de fomentar estados mentales diversos y dispersos.
A pesar de que en este disco encontramos quizá el primer uso con fines psicodélicos de un instrumento, no es sino con los discos posteriores Fifth Dimension (1966) y Younger than Yesterday (1967), con los que intentan componer álbumes más conceptuales guiados por un espíritu plenamente psicodélico (piénsese en su clásico Eight miles high).