La nueva película de Woody Allen relata con un tono cómico la investigación de una periodista inexperta que casualmente descubre que un acaudalado y guapo magnate está involucrado en unos crímenes. Aunque el tema de los serial-killers está más que trillado en el cine, Allen da otra vuelta de tuerca al tema enfocándolo desde una perspectiva evidentemente cómica y dando cabida, incluso, a componentes fantásticos y sobrenaturales.
La comicidad viene garantizada con la sola presencia del propio Allen como protagonista. Aquí, además, el personaje que interpreta (un mago de segunda categoría que siempre hace los mismos trucos y gasta los mismos chistes) es uno de los más divertidos y estrambóticos de los que recuerdo en mucho tiempo en su filmografía. Por lo menos habría que remontarse al entrañable representante de artistas acabados Danny Rose, protagonista de la peli “Broodway Danny Rose” de mediados de los 80. Incluso el director se homenajea a sí mismo (copiando una escena de esta obra) en una de las primeras escenas en la que realiza un travelling circular alrededor de una mesa de café en la que están reunidos unos hombres que recuerdan a un amigo recientemente perdido (el periodista que desvela la relación del magnate con los asesinatos).
Otros aspectos graciosos de la película son los relacionados con las costumbres londinenses (inglesas, en general), en especial la norma de conducir por la izquierda. Como se imaginará todo seguidor de Allen, este tipo de cosas las lleva muy mal este entrañable y acérrimo neoyorquino que siempre se ha caracterizado por su falta de periocia en la conducción. Merece la pena comentarse que el director ubica por segunda vez (tras la reciente “Match Point”) la obra en Londres. A pesar de que pudiera pensarse en una hipotética serie (¿trilogía?) centrada en las clases altas de la capital inglesa (como tantas veces ha hecho con las análogos protagonistas neoyorquinos), la diferencia en el tono y la profundidad de ambos filmes, como se verá a continuación, apunta a que no pertenecen a un todo previsto de antemano.
Curiosamente, uno de los pilares donde debía residir la comicidad no se sostiene por ningún lado. Me refiero a la neumática Scarlett Johanson, que sobreactúa y se muestra demasiado tensa interpretando un papel de una joven que a veces parece hiperactiva, otras se asemeja a una “gili” con unas gafotas que se escurren por el tabique nasal y, finalmente, se muestra como una parodia de sí misma cuando interpreta las escenas amorosas o de seducción (aquí es ella la que es seducida, todo lo contrario que en “Match Point”, donde sus armas de mujer sí se mostraban efectivas y cautivaban al espectador).
En cuanto a los componentes fantásticos o sobrenaturales, me parecen más acertados, especialmente porque contienen una carga cómica indudable y muy propia del autor (referencias cultas y a la vez iconoclastas y sarcásticas). Me estoy refiriendo a la tétrica barca que navega por la tenebrosa Laguna Estigia comandada por la figura de una muerte enfundada en una túnica negra que tapa su rostro y esgrime una guadaña. Esta referencia clásica y mitológica sobre el tránsito de las almas recién fallecidas al Hades es revisitado de manera grotesca.
Otro aspecto fantástico es el contacto con el mundo real que mantiene uno de los viajeros de la barca comandada por la muerte. Para rizar el rizo, Allen lo hace aparecer en la caja donde el mago interpretado por él mismo hace desaparecer a los espectadores. Estas secuencias, como se puede observar, recuerdan vivamente a las actuaciones de hipnosis en “La maldición del escorpión de Jade”.
En definitiva, la comicidad y los elementos fantásticos se entrecruzan en esta farsa que revisita uno de los géneros más prolíficos del cine actual, pero que contiene la huella inconfundible del director neoyorquino. Precisamente esta huella y marca de estilo, presente en todas sus películas, es lo que salva a una cinta que no aporta nada a la ya extensa filmografía de Allen. Los seguidores de este director reconocerán y agradecerán estas señas de identidad, pero echarán en falta la profundidad y las implicaciones existenciales que sí tenía, por ejemplo, “Match Point”. En cuanto a los seguidores de Scarlet Johanson, es posible que se deleiten con su presencia, aunque haya adolecido de una ausencia absoluta de glamour y feminidad que la aleja de las grandes divas del cine (Lauren Bacall, Rita Hayworth, Audrey Hepburn, etc.) Lo dicho: una película aceptable para los fieles allenianos, aunque no será recordada como una de sus obras más estimables.
Al leer tu crítica sobre la película "Scoop", y compartiendo la opinión de que no pasará a la historia como uno de los trabajos más brillantes del magnífico cineasta Woody Allen sino más bien como relleno de colección, he echado en falta un análisis más objetivo sobre la pobre aportación de la sobrevalorada Johannson (ubicua, saturada y artificiosa) a esta comedia cuyo argumento parece ser un collage de fragmentos de la filmografía del neoyorquino (véase "Misterioso Asesinato en Manhattan", "La última noche de Boris Gruschenko" o "La maldición del escorpión de jade", entre otras). Imagino que tu condición masculina tendrá algo que ver.
Porque, como dice el refrán, "tiran más dos tetas que dos carretas". Creo que ésa es precisamente una de las razones que pueden haber llevado a Allen, amante del intelecto femenino y detractor de la vulgaridad, a adoptar como nueva musa a una actriz de la que lo mejor que puede decirse en esta cinta es que alegra la vista. Los papeles de "Lolita" parecen dársele bien a Scarlett, pero quizá cuando se le ofrecen guiones de otras alturas, que exigen de ella más registros que el de bobalicona calientabraguetas, se evidencia sin remedio la falta de talento de una niña precoz del celuloide que parece no haber madurado mucho profesionalmente (pero que, sin embargo, hace sus pinitos como empresaria de éxito, ya que factura cantidades millonarias y ha conseguido subirse al carro de uno de los más famosos directores de culto de nuestro tiempo). En fin, que Escarlata no roza ni el borde de la suela del zapato de las magistrales Diane Keaton, Mia Farrow, Judy Davis o incluso la incombustible Juliette Lewis.
Lástima no haber escogido a cualquier otra para este papel.